viernes, 4 de octubre de 2013

Mamihlapinatapai, el verdadero post


Parada frente a esta temerosa orilla pienso en ti, en las idas y vueltas, o peor aún, en la cercanía y lejanía con que te mueves desde que nos conocimos.
He disfrutado de tus risas y tus besos, aquellos que a la distancia me acompañan desde el amanecer. Tuve que esperar un tiempo para disfrutar más de tí, más tarde y más temprano, y ahora, cuando estás ahí 24 horas mi insomnio me juega una mala pasada y se va.
He guardado en un lugar secreto mi emoción cuando me tomabas de la mano, valía cualquier excusa para que te pararas detrás de mí para ver alguna escena retratada... y el tiempo corría, y parecía como si aquella escena tuviera tal cantidad de detalles que el tiempo cerca era insuficiente, y te quedabas allí hasta que seguir haciéndolo se volvía irracional.
Hemos intercambiado miradas, he tratado se conocer lo que guardas tan celosamente y he querido que lo descubre en mí, pero no lo he logrado, será mi miedo, será mi timidez, o será simplemente que no sientes lo mismo que yo.
Al creerlo quise apartarme, denuncie mi intención de alejarme, en ingles "time to go" y como si presintieras mi partida me dijiste "no hay nada que un cine no pueda mejorar"; y entonces nuevamente volví, pero con el mismo miedo de lo desconocido, como viviendo con el temor de que esa mirada no guarde nada para mí, sin generar expectativas que en algún momento puedan verse no cubiertas y me cause dolor.
Debo confesar que por momentos pierdo el control, alguna imagen de nosotros juntos, y más precisamente un beso, es la que me asalta como un llamado de atención… y tiemblo, más que la fe me gana la razón, por qué creer en algo que no ha nacido de tu boca, o por qué no hacer que nazca de la mía.
Tengo miedo, lo sé, también sé que no estoy lista para un no. Sé que vive algo en mí listo para ti, pero le soy indiferente, no quiero conocer su grandeza, no quiero saber cuánto te quiero, no puedo entender hasta ahora tu mirada, y no sé hasta cuándo pueda esperar. Por qué no  animas a tu boca a que me declare lo que parecen decir aquellos ojos, por qué no reemplazas los besos virtuales por uno de verdad? He soñado con mi partida, he soñado con un adiós, esas son algunas razones por las cuales dormir no era lo mejor, ahora sigo soñando contigo, pero no estás, son solo mensajes que me dicen lo mismo que cuando estoy despierta.
Estoy frente a esta orilla que se acerca y se aleja igual que tú y me siento triste, cuánto quisiera por fin saber lo que dice tu mirada y que te dieras cuenta tú de lo que  la mía te ha querido decir, desde hace ya tanto tiempo.
(Colaboración de MiCa  -   gaviota.blogspot.com)

jueves, 3 de octubre de 2013

Borracho todo es lindo

-     Borracho todo es lindo.
-     Bebado tudo é lindo, repitió en portugués.
-     ¿Y cómo lo dices en inglés?
-     Drunk all is beautiful.
Y era cierto, no importaba el idioma, todo era lindo en conjunción de tiempo, espacio y licor. El tiempo no importaba, no usaba reloj, el último lo dejé empeñado por una botella de ron. El lugar no importaba, mi casa estaba a millas de distancia, ni siquiera sabía el nombre de esta ciudad, llegamos temprano sin querer, empezamos a beber y ahora seguíamos bebiendo en este lindo lugar porque tudo é lindo. El licor importaba pero no cuál era sino que siempre estuviera. El licor aquí era nacional, para mí importado e importante.
Al almuerzo brindamos con cerveza de raíz con raíces irlandesas. Luego fuimos a la campiña y con ella el vino y lo que vino después no lo recuerdo pero lo intuyo...
Es de noche y esta es la ciudad verde con un bar rojo.
En la mano izquierda sostengo un vaso con whisky, sin hielo y sin agua, directo de la botella con escala de vidrio para lucirse en camino indirecto al corazón, estómago y cerebro, porque es de tres generaciones y tiene triple efecto.
En la mano derecha sostengo mi cuerpo bailarín que se balancea sin música, soñando con la voz de Bono, contigo o sin ti, with or without you retumbando en la memoria que perdí.
La pierna izquierda quiere, se mueve pero no soy Keane en la grama rectangular a punto de lanzar el balón.
La pierna derecha de palo, petrificada, sosteniendo mi cuerpo, apalancada con mi brazo para evitar que el suelo me vea temprano. Saludo y salud, no sé quiénes son pero me miran y saben que no me conocen, que soy foráneo y agradecido de esta acogida y la que viene sin prefijo negativo luego que aparece mi musa.
Es de día, no se cual, pero el sol ha entrado por la ventana, salgo del bar, pub, hogar y vuelvo a entrar, no se abandona el hogar, no hay porque regresar cuando se está en él. Ya no soy extranjero, soy el nuevo anfitrión esperando algún foráneo para decirle que no se preocupe que haga salud, cheers, porque borracho todo es lindo.

Adiós


-     ¿Qué ves?
-     Nada
-     ¿Nada?
-     ¡Nada!
A Dios sólo se le puede haber ocurrido o quizás no se le ocurrió, simplemente le pasó, como le pasa a los creadores, que la creación se hace propia, sin autor.
Al hombre se le ocurrió aquella estructura en el lago y la protegió del agua, pero se olvidó del viento y del tiempo y de tí. Ahora es parte del paisaje sin ser lo que se le ocurrió, es sólo una efigie de lo que quiso, una naturaleza muerta como muertas están las piedras que un día se pulverizarán, porque Dios tampoco previó al viento, ni al tiempo, ni a mí.
Ahora los dos, aquí, mirando todo y la nada. Ese cielo que debe ser gris pero que tú lo anhelas limpio, celeste, en tonos varios, cual cielo serrano, mentiroso, sin ofender, pero sí, mentiroso como tú. Ese cielo de un otoño que no es, que se confundió de mes porque es primavera y sin embargo, está. Cielo de mediodía que parece media tarde y es tarde en este día en que nos vamos a medias, en una repartija desigual, tú la naturaleza muerta y yo muerta en la naturaleza viva, en este lago sin olas, en este viento sin fuerza que no sopla pero erosiona, que no se muestra pero daña, así como tú que destruyes sin ser visto, oculto, invisible, rayando el paisaje, rayendo el tiempo, royendo la noche, como rata, sin ofender, pero sí, rata como tú.
Y vuelvo al horizonte sólo para plasmar el momento, vuelvo sin volver, porque no seguiré aquí, vislumbrar una vez más lo que contemplaré sola, otro mediodía, otra primavera, sin tí.
-     ¿Qué ves?
-     Adiós
-     ¿A Dios?
-     No, ¡adiós!


Me complicas la vida

– Me complicas la vida!
– La vida no es complicada!
– Por eso, tú me la complicas.
– Y, ¿por qué me dejas?
En realidad no la dejaba, era ella quien lo hacía, me abandonaba y así me complicaba, mejor dicho, dejaba que me complique, interfiera y decidiera en mi vida. Ahora estaba solo, abandonado, mirando el celular, marcando su número de memoria, revisando su perfil, su silueta, indagando en su muro, su techo, en todo su espacio virtual para no encontrarla. Ventana tras ventana, sin mensaje emergente. No estaba tagueada en ningún lugar, tampoco etiquetada. Estaba desaparecida real y virtualmente. El gps no mostraba su ubicación, el doble check no marcaba el último mensaje, no había una R en el bbm, ni siquiera una D. Había desaparecido de mí totalmente, estaba no habida aun para la administración tributaria, estaba ida totalmente, ida y orate. La guglié y sólo aparecieron clones mundiales de un nombre repetido. Vaya nombre común el tuyo. Vaya red de profesionales que no te muestra. Vaya usted con Dios mijo me dijo antes de partir. Vaya que dejaste alta la valla de la que vendrá, si es que viene, porque nadie llega sin ser buscado y el que busca siempre encuentra, aunque no lo buscado pero peor es nada y anda con bien y bien que te fuiste por ahí y hay quien cree que te abandoné y ay de mí por creer que fuiste quien dijiste que eras y yo, por el contrario, fui quien dije lo que era y tú no lo creíste; pensaste que mentí al crear mi cuenta sólo porque no te fueras y por eso te fuiste, porque era muy irreal y así era, tan irreal que cuando nos vimos en persona supiste que no existía y no notaste mi presencia y te fuiste, me abandonaste, me dejaste bloqueado, baneado, cambiaste la ruta y no supe encontrarte.
- Vuelve, todos vuelven.
- ¿Para qué lo haría?
- Para llenar el vacío.
- No hay vacío, siempre está ocupado, solo cambia de inquilino.
Entonces ya no hay retorno ni despedida. Me compliqué la vida.
- Cierto, te complicaste la vida.
- ¿Desea eliminar su cuenta?
- Si
- ¿Esta seguro?
- Si
Y la vida complicada se descomplicó en un click.

Huellas

La arena es cómplice, busca hacerlo perdurar, deja plasmada la huella de su andar, en ese camino de hendiduras que se forman tras su paso por el suave manto húmedo de blanco polvo de los años, del golpe de olas, de la erosión de la vida. La arena insiste pero es derrotada por el mar, por ese vaivén que destruye todo el dibujo, todo un camino. No quiere decidir, creció a lo alto tras el peñasco, hechó raíces en esta playa; aquí hizo su casa, tuvo su familia y aquí busca permanecer, pero él, otra vez él, ese mar de siempre, desde su primer despertar, ese azul conjunto de sueños olvidados, verde a veces, transparente otros, turbio en su enojo, termina por llevarse su legado. Ya se llevó su casa, no una sino varias veces, sumergida, desaparecida, esparcida en la arena. Más él no cesa, continua su vida, tras el peñasco al que siempre regresa, bajo la arena buscando el hogar perdido, entre la marea, tras el sustento, siempre buscando un nuevo día, el sol, un calor perdido en este andar al pasado, en este camino de regreso, en un signo de julio dejando la huella de siempre, soportando los días, con la coraza cubierta y el alma decidida. 
La playa parece desierta, es invierno pero no hace frio. El viento no sopla, solo peina la arena, aquella en que perdura la huella del cangrejo hasta la próxima ola, hasta la próxima orilla.

Balcón


 - Va el halcón sin rumbo, le dije señalando.
- Bah!, si el halcón nunca tuvo uno, me respondió y subió al balcón para verlo mejor.
El abuelo siempre fue así, contestatario, contradiciendo todo lo que le decía.
Aprendí que los balcones se usaban para mirar, pero no para ser vistos. Eso me lo enseño luego que le dije que había visto a alguien en el balcón desde la acera contigua de la casa. Como siempre, lo negó.
- Los balcones sirven para ver, no para que te vean.
Eso era verdad, pero una verdad a medias como todas las del abuelo. Los balcones coloniales de ventanas con rendijas en rombo tenían esa finalidad, el de la casa del abuelo, de pueblo republicano, no tenía ventanas, tampoco secretos que ocultar, salvo el de esa tarde en que me negó la existencia de alguien más en el balcón, de esa misma tarde en que subí para advertirle que el halcón acechaba, que una vez más volaba el cielo. 
- Ahí va.
- Ahí viene.
- Ahí gira y se eleva.
El abuelo lo miró con la frente en alto, con la cabeza en alto, con las manos en alto, sabiendo que desde su balcón, desde ese espacio suyo sin vista exterior, nadie lo vería, nadie descubriría su secreto, ni aun desde lo alto del cielo, ni siquiera el halcón que volvía a donde vuelven los muertos.